La primera infancia, clave para evitar estereotipos sobre las carreras científicas
Es probable que cada cual tengamos una historia muy distinta sobre las razones por las cuales elegimos la carrera profesional a la que nos dedicamos: desde las tradiciones familiares, las aptitudes personales, los gustos, las creencias, hasta cuestiones incluso anecdóticas como una maestra determinada, un libro o una película, que pudieron influir en un momento dado en qué acabamos “siendo” de mayores.
Sin embargo, el hecho de que haya menos mujeres en las carreras que se desarrollan en el ámbito de la tecnología, la matemática o la ingeniería indica que puede existir sobre ellas ciertos estereotipos.
Estos estereotipos pueden instalarse en las mentes infantiles tan pronto como a los 6 años. La primera infancia es un período donde se conforman las bases de los intereses, actitudes, valores, habilidades vocacionales y la exploración profesional que serán claves en el futuro para realizar sus elecciones de carreras.
¿Dónde y cómo surgen estos estereotipos? ¿Cómo los podemos combatir?
Las ingenierías son carreras para hombres
Pese a que el pensamiento matemático no es exclusivo de los hombres, existen estereotipos de género presentes a nuestro alrededor (que a las mujeres no se les da la tecnología o la informática, o que son menos capaces para las matemáticas) que se mantienen en parte sustentados por la realidad de que hay muchas menos mujeres en las carreras de este ámbito. Es un círculo vicioso que es difícil de romper.
Estudios realizados a nivel global han demostrado que prevalecen estereotipos de género que retratan a los hombres como más brillantes y con más talento.
En cualquier caso, si existe una predisposición hacia una u otra área de conocimiento, el papel de la educación debería ser de equilibrar y ofrecer a niñas y niños la oportunidad de formación para tener las mismas oportunidades y desarrollarse en todas las disciplinas.
Reconocer los estereotipos de género
Los estereotipos de género son ideas preconcebidas que se asocian al desempeño de mujeres y hombres.
Algunos modelos tradicionales de enseñanza acrecientan las desigualdades entre niñas y niños, tanto en el espacio doméstico como en el escolar. Evitarlos en este segundo ámbito se puede lograr con estrategias pedagógicas innovadoras.
Cambios de STEM a STEAM
El acrónimo STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemática, en inglés, su versión en español es CTIM), acuñado en 2001 por la bióloga estadounidense Judith Ramaley, ha propiciado la creación de modelos pedagógicos que buscan acercar e impulsar a las niñas y jóvenes a las áreas de ciencia, tecnología, ingeniería y matemática.
Al modelo pedagógico STEM, que contempla la realización de prácticas y estrategias educativas basadas en éstas áreas y que promueve la alfabetización científica, se le ha introducido recientemente la A de Arte (STEAM) para introducir aptitudes también necesarias como la creatividad y el pensamiento crítico. Con ello se busca que se favorezca el desarrollo de habilidades comunicativas, en la resolución de problemas y el trabajo colaborativo.
Cómo introducir el enfoque STEAM
Aunque en México este enfoque se fomenta en la educación básica, persisten los estereotipos de género en torno a la presencia, desempeño e interacciones educativas de las mujeres que llevan a cabo su carrera en estas áreas.
Acercar a las niñas y a las jóvenes al estudio de las disciplinas STEAM desde las etapas educativas tempranas es clave. El poder transformador de la educación permite a niñas y jóvenes verse a sí mismas en el futuro con una mayor variedad de posibilidades profesionales y convertirse en agentes de cambio. Para ello es fundamental ofrecerles modelos y ejemplos de otras mujeres que han tenido aportaciones importantes en la historia de estas disciplinas.
Gizelle Guadalupe Macías González, Doctora en Ciencias y Profesora investigadora. Líneas de investigación: organización y dirección de negocios, educación y género. Proyectos sobre Empresas Familiares, Emprendimiento, Mujeres Empresarias, Ciencia y Género. Fomenta Vocaciones científicas, Universidad de Guadalajara y Teresa de Jesús Villaseñor Leal, Doctora en educación en Estancia de investigación posdoctoral de CONAHCYT en el Centro Universitario de los Altos, Universidad de Guadalajara., Universidad de Guadalajara
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Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.